Liz Meléndez

Socióloga y directora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.

Actualidad | 06 Junio 2014

¿Cuán presente está el acoso callejero en la vida de las mujeres?

Si nos atrevemos a preguntar a un grupo de mujeres si alguna vez han atravesado por un hecho de violencia sexual, no todas darán una respuesta afirmativa; pero si escarbamos mucho más allá y profundizamos en las múltiples manifestaciones de ésta, puedo asegurar que el 100% de ellas dirá que sí.

 

Podemos empezar con algunos ejemplos: los tocamientos indebidos en el transporte público, los silbidos, miradas, palabras incomodas y hasta obscenas que muchas veces tenemos que soportar al caminar, el miedo a subirte a un taxi, el temor a caminar de noche o por un lugar oscuro sola, el ver un grupo de hombres y decidir cruzar a la otra calle, así como otras situaciones y hechos totalmente vulnerantes como el denunciado por Magaly Solier, al darse cuenta que un hombre se masturbaba detrás de ella; son expresiones del acoso callejero o reacciones que surgen del temor a esta forma de violencia sexual.

 

La naturalización y por ende relativización de estas agresiones, hacen que gocen de una gran tolerancia social, al punto que quienes se atreven a denunciar estos hechos son insultadas y en el mejor de los casos tildadas de “exageradas”.

 

Lo cierto es que mujeres y hombres nos situamos en el espacio público de forma diferente, las mujeres lo vivimos con cierto temor y cuidado, y ello no es vivir en igualdad. No se trata que las mujeres evitemos los riesgos y sigamos inventando estrategias para sentirnos y estar más seguras, se trata que apostemos por una cultura de respeto y reconocimiento del derecho de todas las personas a vivir libres de violencia.